Hace casi ya dos años, llegaba cada mañana a mi casa cerca de las 7 am, después de mi trabajo en turno de noche. Lo primero era ir a su dormitario y para verlo dormir en su camita. A veces despertaba y me acostaba a su lado a regalonear. Un día me dijo, "Yo quiero que tu seas mi mamá". Así de simple, y yo acepte gustosa la noble y complicada tarea.



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