Cada día y cada tarde la casa se vuelve patas para arriba, calor, más calor y ando por la casa haciendo alguna que otra cosa, y mi perro me sigue, al baño, a la cocina, a la pieza, me tropiezo con él y no me deja, me contempla, me huele, me mira. El Quiel le sigue los pasos, esta pegado a mi, me busca, me canta, me abraza, cuestiona, pregunta y habla y habla y habla, y no se calla, y los dos entran y salen corren, saltan, uno ladra. Yo comparto, respondo y me canso, paciencia, paciencia, paciencia, hasta que hacen una diablura y arrancan, yo grito, los reto, los dejo en el patio, vuelven a entrar, portazo, un minuto risa, treinta segundos llanto y nuevamente todo comienza. Pasan las horas llega la tarde y se suman más niños, el vecino del frente con sus cuatro años y los mocos colgando, la pili que tiene 7 es down y se le entiende poco, pero juega y se ríe y llama al perro, pelea con el Quiel, se amigan y gritan y corren y saltan y no se agotan y la casa es ruido, caos, juego, jugo, agua, bici, camión, leche, tierra, sudor.



la jose